No me des, nomas ponme donde hay

Existen muchos entusiastas emprendedores que dedican sus esfuerzos a cumplir una idea que encuentran simplemente genial y motivados por la irresistible pasión de ver sus sueños cumplidos cometen errores que restan un par de ceros a su cuenta bancaria.

Las empresas que se topan con tres o cuatro sinsabores a cambio de un par de logros o éxitos comerciales suelen trabajar sin una idea muy clara de su mercado, no conocen lo suficiente a sus consumidores y mucho menos cuál es su posición en el mercado. Predisponerse a que existe un negocio sin “los pelos de la burra en la mano” es una inversión de alto riesgo, ya que pueden pasar dos cosas:

¡El negocio funciona! Y ese genio empresario ha desarrollado un sexto sentido exquisito en los negocios que le permite a simple vista un análisis infalible del contexto, incluso si tuviera una segunda vida sería rico otra vez.

o…

El negocio no era negocio y simplemente no hay la demanda esperada, la necesidad que se percibió no existe en la proporción adecuada para que sea rentable.

Por eso planear, informarse y analizar el contexto previo a la aventura de emprender significa simplemente dar paso con huarache, para por lo menos reducir significativamente el riesgo de la inversión y entonces sí, llenos de certidumbre y buen ánimo tomar decisiones sobre hechos y datos extraídos de la realidad y no de presentimientos, consejos y experiencias propias.

¡El cliente no necesariamente se parece a ti, ni piensa como tú, ni necesita lo mismo que tú!

Un ejemplo:

Recientemente Zara, la marca de ropa española cometió un error al lanzar un pijama a rayas que evocó en algunos consumidores el uniforme que utilizaban los niños judíos durante el exterminio en los campos de concentración; la tienda tuvo que clarificar que no era su intención comunicar esto y retiro del mercado el producto.

Seguro seguro, previo al lanzamiento hicieron un estudio de mercado pero su alcance fue limitado ya que se trata de una marca internacional y la tiene más difícil para gustarle a todos, treparse a las tendencias de la moda y continuar construyendo reputación.

Pero en el caso de los emprendedores es más fácil de lo que se piensa, porque sólo se debe priorizar sobre variables tan simples como:

¿Qué ubicación conviene más para el local?

¿Cuántos compradores potenciales hay en mi zona de influencia?

¿Cómo son a los que quiero por clientes y qué necesidad voy a cubrir con mi servicio o producto?

La complejidad del estudio dependerá del tamaño del mercado se quiera alcanzar: local, regional, nacional, continental o mundial.

A final de cuentas, un estudio de mercado es una fotografía de la realidad, puede ser tan complejo o tan sencillo como quieras, eso depende de cuantos datos quieras recabar. Hay estudios que focalizan sobre el comportamiento de los consumidores, las grandes marcas generalmente planean publicidad y lanzamiento de productos con base en los resultados de estos estudios, ya que de este modo lograr hacer mejor click y motivar o acelerar la decisión de compra.

Los estudios de mercado deben tener objetivos claros; bien ejecutados dan información sobre cómo proceder en el negocio, permiten tomar decisiones en el área de producción, ventas, marketing, administración etcétera, a partir de conocer cuántos clientes potenciales hay, cómo son, qué desean y en dónde se encuentran.

También sirven para saber si la producción de tu servicio o producto es acorde con la demanda, si existen nuevas necesidades y no han sido cubiertas o si hay errores de la competencia que puedan ayudarte a remontar la posición en la lista de participación del mercado.

Por eso cuando tengas una idea de negocio, no dudes invertir primero en estudio de mercado que la ratifique. Y entonces sí, aplica la de “Diosito no me des, ponme donde hay” porque seguro vas a tener éxito y Dios escuchará al fin tus rezos.

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